Funciona?

Desde los inicios de la revista con la A, allá por el año 2012, decidimos dedicar el número de noviembre al abordaje de la violencia contra las mujeres en cualquiera de sus manifestaciones. Así, nos unimos al significado del día 25 de este mes, fecha elegida por la ONU para denunciar la violencia contra las mujeres debido al movimiento iniciado en 1981, en Latinoamérica, y acuñado en honor a Minerva, Patria y María Teresa Mirabal, tres hermanas dominicanas, tres activistas políticas asesinadas el 25 de noviembre de 1960 a manos de la policía secreta del dictador Rafael Trujillo en la República Dominicana, denunciando y recordando al mundo entero una de los mayores masacres que han existido y existen en todo el planeta ya que a día de hoy, en el momento en que lean estas páginas, cientos de mujeres están siendo asesinadas, violadas, agredidas, acosadas, maltratadas, casadas en contra de su voluntad, esclavizadas, tratadas, traficadas, infibuladas, … en todo el planeta. Y ello a pesar de los compromisos adquiridos por los 189 gobiernos presentes en la Conferencia Mundial que se celebró en Beijing, en 1995, a través de la cual se logró alcanzar un compromiso histórico: la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing; de los compromisos adquiridos en la Convención Belem do Para y, en 2011, del Convenio de Estambul, suscrito por el Consejo de Europa, entre otros pactos y acuerdos internacionales, regionales y locales sistemáticamente conculcados. Cierto es que, a pesar de no cumplir estrictamente con lo pactado, algunos de estos gobiernos han activado medidas paliativas, en el mejor de los casos, quedando aún pendiente la prevención y la educación en noviolencia, en igualdad y en no discriminación en general y por razón de sexo en particular, y en feminismo cuyo ideal es conseguir la igualdad de oportunidades y de trato entre mujeres y hombres y el bien común. A pesar de todo, incluso en los países más avanzados en lo que a derechos de las mujeres y derechos humanos hace referencia, las mujeres siguen siendo asesinadas, violadas, agredidas, maltratadas, discriminadas, traficadas, prostituidas… A pesar de que el orden mundial tiene claro el origen de la violencia contra las mujeres, tal y como declara António Guterres, Secretario General de la ONU, “La violencia sexual contra las mujeres y las niñas tiene sus raíces en siglos de dominación masculina. No olvidemos que las desigualdades de género que alimentan la cultura de la violación son esencialmente una cuestión de desequilibrio de poder", poco o nada se mueve desde estas mismas instituciones para cambiar el modelo de poder, para eliminar de una vez por todas las distintas violencias contra las mujeres y las niñas. Violencias que, otra vez en fecha 25 de noviembre, las articulistas de este número de con la A siguen denunciando en algunas de sus manifestaciones. Violencias sobre las mujeres que no cuentan con estadísticas de orden mundial… Y tenemos los recursos, tal y como se ha puesto en evidencia en la situación de pandemia por coronavirus que estamos viviendo, en la cual los medios de comunicación nos trasladan los números de personas fallecidas, de personas ingresadas en hospitales, de personas afectadas por la Covid-19 en prácticamente todos los países del mundo. Sin embargo, a pesar del ingente número de mujeres de todas las edades asesinadas, violadas, agredidas, maltratadas, abusadas, prostituidas, infibuladas… no existe un observatorio internacional que dé cuenta numérica de este drama, de esta pandemia, es decir de esta enfermedad infecciosa, como es la violencia machista, que afecta a la mitad de la población de todo el planeta, y que no cede ante situaciones de crisis internacionales: financieras, económicas, bélicas, sanitarias, … sino que, por el contrario, incrementa más aún el número de víctimas del machismo y el patriarcado sin que se pongan en juego instrumentos internacionales que sancionen a aquellos países institucionalmente comprometidos para eliminar, realmente, la violencia contra las mujeres y presionen a aquellos que no lo están. Una pandemia, la de la violencia machista, para la que parece no haber vacuna. Solo los movimientos de mujeres, los movimientos feministas siguen trabajando activamente denunciando esta realidad, interpelando e increpando a los gobiernos para que desplieguen los recursos comprometidos para acabar con esta guerra, con estos excesos de un poder patriarcalista que parece no cejar en su empeño de doblegar a las mujeres, de someterlas como han venido haciendo desde el inicio del orden patriarcal… Y, a pesar de todo, todavía hoy tenemos que escuchar voces que se preguntan por qué existe el feminismo…

 

Alicia Gil Gómez

Editorial | Revista con la A

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Desde los inicios de la revista con la A, allá por el año 2012, decidimos dedicar el número de noviembre al abordaje de la violencia contra las mujeres en cualquiera de sus manifestaciones. Así, nos unimos al significado del día 25 de este mes, fecha elegida por la ONU para denunciar la violencia contra las mujeres debido al movimiento iniciado en 1981, en Latinoamérica, y acuñado en honor a Minerva, Patria y María Teresa Mirabal, tres hermanas dominicanas, tres activistas políticas asesinadas el 25 de noviembre de 1960 a manos de la policía secreta del dictador Rafael Trujillo en la República Dominicana, denunciando y recordando al mundo entero una de los mayores masacres que han existido y existen en todo el planeta ya que a día de hoy, en el momento en que lean estas páginas, cientos de mujeres están siendo asesinadas, violadas, agredidas, acosadas, maltratadas, casadas en contra de su voluntad, esclavizadas, tratadas, traficadas, infibuladas, … en todo el planeta. Y ello a pesar de los compromisos adquiridos por los 189 gobiernos presentes en la Conferencia Mundial que se celebró en Beijing, en 1995, a través de la cual se logró alcanzar un compromiso histórico: la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing; de los compromisos adquiridos en la Convención Belem do Para y, en 2011, del Convenio de Estambul, suscrito por el Consejo de Europa, entre otros pactos y acuerdos internacionales, regionales y locales sistemáticamente conculcados. Cierto es que, a pesar de no cumplir estrictamente con lo pactado, algunos de estos gobiernos han activado medidas paliativas, en el mejor de los casos, quedando aún pendiente la prevención y la educación en noviolencia, en igualdad y en no discriminación en general y por razón de sexo en particular, y en feminismo cuyo ideal es conseguir la igualdad de oportunidades y de trato entre mujeres y hombres y el bien común. A pesar de todo, incluso en los países más avanzados en lo que a derechos de las mujeres y derechos humanos hace referencia, las mujeres siguen siendo asesinadas, violadas, agredidas, maltratadas, discriminadas, traficadas, prostituidas… A pesar de que el orden mundial tiene claro el origen de la violencia contra las mujeres, tal y como declara António Guterres, Secretario General de la ONU, “La violencia sexual contra las mujeres y las niñas tiene sus raíces en siglos de dominación masculina. No olvidemos que las desigualdades de género que alimentan la cultura de la violación son esencialmente una cuestión de desequilibrio de poder”, poco o nada se mueve desde estas mismas instituciones para cambiar el modelo de poder, para eliminar de una vez por todas las distintas violencias contra las mujeres y las niñas. Violencias que, otra vez en fecha 25 de noviembre, las articulistas de este número de con la A siguen denunciando en algunas de sus manifestaciones. Violencias sobre las mujeres que no cuentan con estadísticas de orden mundial… Y tenemos los recursos, tal y como se ha puesto en evidencia en la situación de pandemia por coronavirus que estamos viviendo, en la cual los medios de comunicación nos trasladan los números de personas fallecidas, de personas ingresadas en hospitales, de personas afectadas por la Covid-19 en prácticamente todos los países del mundo. Sin embargo, a pesar del ingente número de mujeres de todas las edades asesinadas, violadas, agredidas, maltratadas, abusadas, prostituidas, infibuladas… no existe un observatorio internacional que dé cuenta numérica de este drama, de esta pandemia, es decir de esta enfermedad infecciosa, como es la violencia machista, que afecta a la mitad de la población de todo el planeta, y que no cede ante situaciones de crisis internacionales: financieras, económicas, bélicas, sanitarias, … sino que, por el contrario, incrementa más aún el número de víctimas del machismo y el patriarcado sin que se pongan en juego instrumentos internacionales que sancionen a aquellos países institucionalmente comprometidos para eliminar, realmente, la violencia contra las mujeres y presionen a aquellos que no lo están. Una pandemia, la de la violencia machista, para la que parece no haber vacuna. Solo los movimientos de mujeres, los movimientos feministas siguen trabajando activamente denunciando esta realidad, interpelando e increpando a los gobiernos para que desplieguen los recursos comprometidos para acabar con esta guerra, con estos excesos de un poder patriarcalista que parece no cejar en su empeño de doblegar a las mujeres, de someterlas como han venido haciendo desde el inicio del orden patriarcal… Y, a pesar de todo, todavía hoy tenemos que escuchar voces que se preguntan por qué existe el feminismo…

 

Alicia Gil Gómez

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